Nov 05 2007

Manos que cuidan secretos

Published by admin at 2:35 pm under Organeros

Leído en laopinion.es

La organera tinerfeña Ana Tapia descubre las entrañas del órgano de la iglesia de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife. El instrumento de este templo santacrucero es un buen ejemplo de la organería inglesa del siglo XIX. Construido por la casa Bebington and Sons, este órgano se instaló en esta parroquia a principios de 1862.

Las manos de Ana saben sanar y proteger. Los ojos de Ana saben ver más allá de los detalles. Los oídos de Ana saben detectar la más mínima de las imperfecciones. Ana Tapia, la primera y única organera titulada de Canarias, trabaja y sigue formándose para que no desaparezcan en manos del olvido los órganos de las iglesias.

El secreto es el corazón de un órgano. Es allí donde se halla refugiada de miradas ajenas su parte más complicada, donde se almacena el aire que luego se distribuye a cada uno de los tubos de los que salen sus sonidos embriagadores. Conservar y mantener un instrumento de estas características es una labor que sólo pueden realizar las manos más expertas y preparadas. En las iglesias de las Islas aún sobreviven 73 órganos (aunque hay que lamentar la pérdida de más de 200 de estos instrumentos desde el siglo XV hasta la actualidad). Por ello, y para no tener que sufrir nuevas desapariciones la tinerfeña Ana Tapia ha decidido enfocar su profesión hacia este campo y se ha convertido en la primera y única organera titulada del Archipiélago.
A sus recién cumplidos 34 años, Tapia acaba de obtener (después de cuatro años de estudio) el título de oficial de Organería en la escuela alemana de Oscar Walker y ahora espera poder ingresar en breve en la compañía de organeros de Holanda Pers & Leeuwen, que dirige el maestro Peter A.van Rumpt. “Mi objetivo más inmediato es entrar a trabajar en este taller y estar ahí unos años para adquirir más experiencia y conocimiento para después poder regresar a Canarias y ofrecer una asistencia completa a nuestros órganos”, señala Ana Tapia que confía en las posibilidades que tiene para entrar en este taller holandés donde completará su formación.

Además de tratar tanto la mecánica como la afinación, esta joven canaria que estudió solfeo, piano e incluso ebanistería espera obtener también el título de maestra para poder en un futuro y “si hay posibilidades” transmitir todos estos conocimientos a la gente de su tierra. En Canarias “hay gente que se ha formado para tratar los órganos pero lo han hecho dentro de la tradición y la experiencia”. Por ello, y a diferencia del resto de Europa, donde “sí hay organeros titulados”, aquí no hay ninguno.
Y es que Ana Tapia, que no cesa de lamentar la escasa cultura de órganos que hay tanto en las Islas como en el resto de España, recuerda que “los órganos teóricamente deberían ser afinados al menos una vez al año”. “También es bueno que se toquen a menudo pero no siempre así. Si los órganos no se usan, si se vuelven afuncionales, se estropean y se acaban perdiendo”, añade a la vez que subraya el gran valor que tienen los órganos de nuestras iglesias.

Hace poco más de una semana que volvieron a sonar algunos de los órganos de las Islas (lo hicieron dentro del III Ciclo de Órgano Histórico en Canarias) y fue Tapia quien se encargó de la puesta a punto de estos instrumentos que poseen “un amplio registro sonoro, más que cualquier otro instrumento”. Respecto al ciclo, valoró de forma especial la posibilidad que ofrece a los compositores de crear obras para órganos. “Es fundamental que no sólo los organistas interpreten piezas históricas sino que también se compongan obras nuevas para darle vida al órgano”, dice Tapia que se adentró en este mundo de mano de la catedrática de Música Rosario Álvarez.
Ella es -dice Tapia- “el alma máter”. “Sin Rosario Álvarez seguramente habrían desaparecido muchos órganos en Canarias. Ella conoce cada uno de los órganos de las Islas”, destaca mientras explica grosso modo los pasos previos a la restauración de uno de estos instrumentos: Lo primero que se hace es desmontar todo el órgano y hacer un registro visual completo (se fotografían todas sus partes), se toman las medidas, se hacen planos, dibujos y se estudian los materiales. Una vez realizado ese análisis se comienza la restauración en sí, un trabajo que “puede durar meses, incluso años”.

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